martes, 26 de septiembre de 2017

Voces de mi barrio


Voces de mi barrio


¿Cómo es un día de trabajo en Montserrat?


Por Marcos Ibañez


 

Rosa, florista.

 

“Un día normal, me levanto muy tempranito a las 5 de la mañana. Me voy al mercado -lunes miércoles y viernes-, traigo mis florcitas, las limpio y me quedo acá en el puesto de Belgrano y Entre Ríos hasta las 9 de la noche. Acá se viven infinidad de historias, todos los días... la gente pasa y te pregunta de todo: “¿ dónde queda el kiosco?”, “¿cual es Entre Ríos?”, “¿para dónde baja, para donde sube...?

Un día hacía muchísimo frío, estaba sin abrigo y estaba muy pendiente de que me podía enfermar. Pasó una señora muy asustada preguntando dónde podía tomar un café con leche. Yo estaba tan metida en mi cabeza, mientras la señora desesperada... entonces segundos antes de decirle, ‘ahora te preparo uno’ o ‘vamos al negocio de alfombras de la esquina’, frené y pensé: en esta esquina tenés La Continental, Ebro, el Café Martínez, y para las otras cuadras también, una cantidad inmensa de bares. Ahí recalculé y le pude indicar! Cosas así y muchas más suceden todos los días aquí en esta esquina.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Síndrome de Estocolmo


Síndrome de Estocolmo

Por Daniel Sica

 

Así se denomina al trastorno psicológico que sufren las víctimas de un secuestro, las cuales desarrollan una relación de complicidad y de vínculo afectivo con el captor.

Su nombre se debe al asalto a un banco en la ciudad de Estocolmo, Suecia, durante el año 1973, en el cual los rehenes salieron en defensa del asaltante y manifestaron que le temían menos a él que a la policía.

Este fenómeno ha hecho que ciertos psicólogos desarrollen la llamada “técnica de 4 pasos” que permitió adaptar lo sucedido, y usarlo para la manipulación de masas.

Algunos de los más renombrados usuarios de ésta técnica fueron Ronald Reagan y Margaret Thatcher para convencer a los ciudadanos de sus países que aceptasen recortes en los presupuestos, despidos, bajas de salarios y pérdida de derechos laborales en nombre de un futuro mejor. Cabe aclarar que hoy, más de cuarenta años después, la situación de las clases medias y bajas en ambos países ha empeorado notablemente respecto del momento anterior a las draconianas medidas tomadas.

La primer ministro británica lo sintetizaba en una sola frase: “nosotros o el caos”.

 

Los cuatro pasos son:

1º) Provocarle a “la víctima” una crisis muy intensa que conlleve el riesgo de perderlo todo.

2º) Cerrar todas sus vías de información alternativa, hasta que en adelante “el victimario” se convierta en la única fuente de información confiable y directa.

3º) Hacerle saber a “la víctima” que hay una sola salida posible a la crisis y esa salida está en manos de “el victimario”.

4º) Transferir todo el peso de la responsabilidad por el eventual fracaso de la estrategia a “la víctima” (Cualquier indicio de falta de colaboración o protesta convertirá a la víctima en responsable de su propia desgracia).

 

Obviamente consideramos “la víctima” al pueblo y “los victimarios” a sus gobiernos y, éstos a su vez, manipulados por el establishment local.

Cumpliendo estos simples pasos “la víctima” pondrá su máximo esfuerzo en pos de ayudar a su victimario.

¿Cómo? Apoyando al victimario para que siga conquistando poder una elección tras otra.

Reagan obtuvo su reelección y gobernó ocho años (plazo máximo que se permite en EE.UU.), Thatcher lo hizo durante once años (el mayor período que gobernó un primer ministro durante el siglo XX).

Por eso deberíamos desterrar el mito de que en los países del, mal llamado, primer mundo son más inteligentes. Hay ciudadanos tan manipulables como en cualquier otro país. Como consecuencia las clases altas de un reducido grupo de países detentan mayor poder en nombre del “progreso”, el de ellos por supuesto.

Postales de mi barrio


Postales de mi barrio

Por María Isabel Meraud.

 

¿Desde cuándo soy del barrio? Qué sé yo. Mamá conoció a papá en la sastrería de Rosetti, en la calle Independencia cuando era angosta. Mi abuelo tenía una tintorería al lado y con mi otro abuelo vieron el bombardeo a Plaza de Mayo desde la terraza. Tuvieron que esconderse tras el tanque de agua cuando ametrallaban el Departamento de policía, porque las capsulas caían a sus pies

Yo aparecí  por acá en 1959. Vivíamos en Provincia. Allí no había secundario.  Y como mis padres consideraron que los juegos de adolescentes en el tren eran imprudentes, no quisieron correr el riesgo.

Mamá puso un atelier de belleza. En el cuarto trasero del local miramos entusiasmados el Cordobazo. Independencia seguía siendo angosta Tenia una parte ancha de la vereda, donde las casas previniendo el ensanchamiento habían sido construidas más atrás. Las otras, al borde del cordón, fueron demolidas. En la parte ancha  los chicos jugaban al futbol. También la 9 de Julio estaba en obra. Y los varones jugaban a tirarse piedras desde las montañitas de escombro de las casas demolidas. A la mujer de Rosseti le tocó enseñarme a bordar. Mamá en esto era inexperta y era un requisito escolar. En el barrio no había bachillerato de mujeres. Así que, al igual que mi mamá y sus amigas (mis tías), fui al liceo uno. Allí  en una asamblea organicé la toma del colegio. Fueron las primeras que se hicieron. Estábamos en 1973. Nuestro paseo era ir todos los días al Centro. Leíamos los libros de las mesas de las librerías de parados. Ahorrábamos lo que nos daban para viajar para poder ir dos veces por semana al cine y tomar un café a la salida. Elegíamos las películas de revisión Saura, Bergman, Passolini, Buñuel etc.

El Centro florecía, siempre estaba lleno de gente, a la salida de los cines en Lavalle había que prevenir al público  para que no se formaran avalanchas en la calle. Frecuentábamos el cine Lorraine, el Arte, la sala Lugones, el Lorca. El teatro San Martin, del lado de Sarmiento, tenía espectáculos gratis y de gran calidad todo el día. Simplemente caías a ver que había y con quién te encontrabas. El Centro era el patio de nuestra casa. Caminábamos diez cuadras y ahí, la magia. Hoy solo hay niños pidiendo o vendiendo. En ese entonces si alguien vivía en la calle era algún enfermo mental al que todos ayudaban. No se veía gente viviendo a la intemperie. El barrio siempre fue testigo del paso de las movilizaciones. En sus calles aún hoy hierve la realidad.

Volví hace tres años, si alguna vez me fui. Las costumbres cambiaron, pero mi barrio sigue siendo el centro del mundo. 
 

 

jueves, 21 de septiembre de 2017

Montserrat, según Juan Palomino


Montserrat, según Juan Palomino

Por Javier García Crocco.

 


Con un dejo de ironía sobre sus propias palabras, con la alegría melancólica que proporciona el recuerdo, Juan Palomino cuenta su paso por Montserrat y describe el barrio. 



¿Cómo y cuándo tomaste contacto con el barrio?

En los noventa. Fue uno de los primeros barrios que frecuenté desde mi llegada de La Plata. Más  allá de que ahora estoy casi todos los días por acá porque trabajo en la Asociación Argentina de Actores, cuando pienso en el barrio, pienso en los primeros años de mi carrera como actor en Buenos Aires.  Yo empezaba a trabajar en el San Martín y uno de los primeros lugares en los que paré fue el estudio de Omar Grasso que quedaba en Av. De Mayo. En aquellas épocas yo frecuentaba un bar el “Pernambuco”, sobre Corrientes, ahora no está más, y con algunos amigos y compañeros, actores, directores, algunos periodistas como Alberto Dearriba, nos aventurábamos a hablar no solo de teatro y cine, sino de política en una época donde reinaba el pensamiento único y se había desprestigiado la política, se había despolitizado todo, como se intenta hacer ahora. Muchos de esos amigos vivían en Montserrat. Luego viví un par de años en un departamento en San Nicolás, Moreno y Catamarca, pero volví a Montserrat, casi en los límites con San Telmo.

¿Qué características le encontrás al barrio?

Es un barrio con cierta mística. Las calles con esa mezcla de adoquines, cemento, y tramos de vías que emergen de algún tranvía. Me gusta la arquitectura de Montserrat, la mixtura de lo nuevo con lo viejo. Hay una esquina en Moreno y Solís con una puerta de hierro forjado enorme. Me gustan los cafés, las peluquerías, los bodegones, hay uno en Chile y San José. También Lo Rafael donde he comido unas ricas ranas a la provenzal.

A propósito, hay un restaurante peruano…

Sí. Status… destaco que es uno de los primeros restaurantes peruanos que hubo, lo que me lleva a frecuentar la zona. Yo nací en La Plata. Me crié en Perú. La Patria es la infancia, dicen.  Por lo tanto creo que tengo un gran porcentaje de lo que soy producto de mi infancia en Perú hasta la adolescencia para luego terminar la adolescencia y comenzar mi juventud, mi adultez, acá en la Argentina lugar donde me completé, donde me pasaron cosas muy importantes, en el país que me vio nacer en un hospital público, el hospital San Martín de la Plata. Ahora que lo pienso creo que  Montserrat se parece algo a Lima, a ciertos rincones de Lima, a la zona del Girón de la Unión, el centro de Lima antiguo, que yo frecuentaba de niño cuando iba de vacaciones.  

(Recuerda y queda callado un instante). 

Entonces…

(Interrumpe). Creo que el barrio es la Patria, también, ¿no? Digo porque cuando uno se desarraiga de un barrio es duro. Yo he sufrido ese desarraigo en Perú, en Cuzco. Y eso que me mudé de Mariscal Gamarra al Centro del Cuzco, quince, veinte cuadras. Sin embargo, la identidad de Mariscal Gamarra en unos monoblocs era muy distinto a Tambo de Montero. Para mí fue un gran desarraigo. Lo que habla del arraigo que producen ciertos barrios. Eso hace que uno pueda relacionarse con su pasado, con uno mismo.  


¿Transitás el barrio?

Sí, por supuesto. Trabajo todos los días en la Asociación Argentina de Actores como secretario adjunto en Alsina y Entre Ríos. No visito tan frecuentemente como antes a los amigos. Pero me gusta caminar. Tengo trato con los comerciantes. El carnicero me recomienda la mejor carne. Tengo, por ejemplo, una óptica, muy viejita, en Moreno y Solís, al lado de una casa de quiniela, un local con mucha identidad. Me gustan los locales con identidad propia. Ese local está atendido por un señor muy grande, un hombre que ha superado los setenta años, ese es mi óptico. Ahí voy a buscar anteojos, a cambiar cristales. También está la óptica de Mario sobre Solís al que considero un amigo.   
 

¿Sentís que hay un Montserrat antes de la fama y después de la fama?

No. La verdad que no. Fue siempre el mismo. Al menos, desde mí. Me mudé de barrio por una cuestión de estructura, de una casa más grande, de proyectos de familia. Y me he separado varias veces y mis amigos siempre están y me han mimado y cuidado. Y siempre en este barrio. No he cambiado la manera de manejarme en la vida. Debe ser por eso. Y, sobre todo, porque no creo en esa distancia inventada entre un artista y un trabajador. 

¿Qué cosas otras cosas te gustan de Montserrat?

Me gusta el nombre. Indica como cierta alcurnia, cierto abolengo. Y por supuesto las chicas de Monserrat, las mujeres también tienen esa particularidad, como lo tienen las chicas de Flores, en el poema de Oliverio Girondo. (Se ríe). Yo me atrevería a pedirle a la poesía un poema sobre las chicas de Montserrat.  Esas chicas que tienen la sonrisa plena a pesar de los desencuentros, y esa  forma plácida de caminar, de subir las escaleras, de abrir esas puertas de hierro, darse vuelta y quizá invitarte a tomar un helado, (Se ríe) qué sé yo… ¿No?

¿Una anécdota que recuerdes?

Justamente, hace unos días, me encontré con una novia de aquellas épocas. Me dice “¿Puedo recordarte algo? Tengo una imagen tuya. Habíamos ido unos cuantos a cenar a la casa de tu amigo Javier. A media cuadra compramos una torta”. Era un postre Balcarce. Le preguntamos al comerciante si estaba bien, porque, la verdad, el negocio no daba el aspecto de vender mucho. Y el hombre nos dijo que sí que la lleváramos con confianza. Cenamos, y cuando abrimos la torta, tenía un olor a amoníaco que espantaba. Amoníaco, tal cual. No lo podíamos creer. Me sentí estafado.  Era amoníaco puro. Cuando salimos, seguramente volvíamos al Centro a tomar el café en el Pernambuco, bajamos con la torta. El negocio ya estaba cerrado con una cortina metálica de esas que tienen rombos, desenvolvimos la torta y la aplastamos contra el vidrio, bien refregada contra el vidrio. (Risas).

¿Esto se puede publicar?

Claro que sí. Es una buena anécdota.  ¡Era amoníaco puro! ¿Mirá si nos intoxicábamos yo y mis amigos?  (Se ríe).

Correrías de muchachos.

Es que no éramos tan muchachos. (Risas). Pero como diría Kartún: “no hay que dejar estafar al niño que tenemos dentro”.  Creo que es una buena anécdota porque, a veces, hay incorrecciones que tienen cierta justicia. No siempre se puede hacer justicia como corresponde. A ver, uno vive en una sociedad donde la justicia es una herramienta importante para poder construir y manejarnos con respeto. Pero en este caso, esa justicia arbitraria que tiene que ver con las cosas cotidianas, el trato entre vecinos, con el cuidado, con el tener en cuenta al otro… ¡El tipo nos vendió una torta en mal estado, eso es no tener escrúpulos! Nuestra revoleada de torta, quizá le haya enseñado algo. Al otro día tuvo que limpiar la vidriera y nada más. O quizá siguió vendiendo tortas vencidas toda su vida. (Risas).

¿Cómo llevás la presencia del barrio en vos?

Me doy cuenta de que mi vínculo con Montserrat es y ha sido muy intenso por las cosas que he vivido a nivel amistades, por los proyectos, desde lo sindical, y el pensamiento.

Tengo los mejores recuerdos. Es un barrio muy referencial en mi historia personal. Mi hija vivió en México y Cevallos. Un amigo me leyó su primer cuento. Vi el capítulo de una miniserie que se llamó “Desde adentro” que no funcionó. Estaba el teatro que dirigía Lito Cruz “El Galpón” donde hice un casting para la película de Nicolás Sarkis “El tigre de los llanos”. Edité mi primer documental con Claudio Pose que vivía en Santiago del Estero e Independencia. Para mí, Solís y Chile es una esquina emblemática. Recuerdo que había allí había un edificio tomado porque cuando me separé por primera vez, ¿a dónde fui a parar? A la casa de Daniel Dalmaroni que quedaba en… Solís y Chile. (Risas).

¿Alguna reflexión final?

Quizá lo de la torta no sea un ejemplo a seguir. Pero no quiero ser políticamente correcto para que me quieran. Creo que el desafío es ser lo más honesto posible, y eso hace que uno sea creíble.  

Nota de la Redacción: El Galpón del sur quedaba en la calle Humberto Primo entre Solís y Entre Ríos, a dos cuadras fuera de los límites de Montserrat, hoy en día es un garaje. 
 

viernes, 30 de junio de 2017

La parte del monstruo


 

por Andrés Respeño.

 


¿Qué pasaría si un monstruo, jamás visto, sin ojos, ni orejas, ni hocico, sin cola, sin algo que pudiera darnos siquiera una referencia, un monstruo totalmente novedoso, golpeara nuestra puerta?

Acudiríamos a su llamado porque todos sabemos qué es un golpe, todos sabemos que es una puerta, todos sabemos qué significan dos o tres golpes a la puerta.

Pero, una vez abierta la puerta o luego de encajar nuestro ojo en la mirilla, ¿encontraríamos algo del otro lado a falta de rasgos conocidos o que refieran a alguna cosa?  

Es probable que al no reconocer nada de esta novedad, no reaccionemos o, en el mejor de los casos, nuestros sentido y cierta intuición nos permitieran quedar  anestesiados, catatónicos, como recalculando, tratando de entender que es esa parte que intuimos, que nos llega, pero que a la vez no podemos reconocer.   

Bien. Necesitamos entender  para poder ver. ¿Podemos estar tranquilos con esta manera de funcionar? 

No. Y nos defendemos de esta amenaza como podemos: “Pero mirá si va a pasar eso; dejate de macanas; no seas fantasioso”.

Una frase testimonial circula en las redes a propósito del  2 x 1 aplicado por la Corte Suprema de Justicia a los autores de crímenes de lesa humanidad:

“… Nos ponían en fila y disparaban al aire o a nuestras cabezas aleatoriamente, la suerte es loca. Tu psiquis reventaba del terror”.

Mientas esto ocurría, en aquellos años, la sociedad, la gran mayoría, no dio crédito a lo que de vez en cuando se hacía oír, a esa parte que nos llegaba como un susurro, en forma de sonido lejano, algo visto en un instante al pasar. Eso que, dejate de macanas, no seas fantasioso, la sociedad no lo pudo, no lo quiso ver.

Hoy en día, a esa parte del monstruo ya la conocemos.

Desde las paredes del Borda


Desde las paredes del Borda

de María Margarita Katona

 


El tiempo relativo, el cuerpo entumecido,

el alma en quebranto.

Truena a risa, llueve a llanto.

 

¿Quién camina hoy en día por la vida sin cuidado?

 

Lastimarse, desplomarse,

¿O quizá recuperarse?

 

Con los pies sobre la tierra,

mueren niños,

llueven guerras. 

 

¿Quiénes son los marginados?

 

Los santos inocentes

que vieron que es más que pan y vino

lo que les marca un destino.

 

 

jueves, 29 de junio de 2017

Mejoras en la Plaza Montserrat

El pasado miércoles 14 de junio los vecinos y vecinas del barrio de Montserrat  se dieron cita en la Asociación Civil Casa Paraguaya (Chile 1769) convocados por autoridades del Gobierno de la Ciudad dentro del marco de Paticipación Ciudadana para poner en conocimiento el plan de reformas que se aplicará a la Plaza Montserrat.
Allí asistieron vecinos, organizaciones políticas, las arquitectas del proyecto y hasta el Presidente de la Junta Comunal, actualmente de licencia, procesado por acoso sexual, Roberto Salcedo. Curioso es que no se hizo presente Gisela Speiser, quien asumiera interinamente la presidencia en el día de ayer.
Los representantes del FPV manifestaron que varios de los arreglos hechos en el último tiempo a la plaza fueron llevados adelante por ellos mismos. De todas maneras, aclararon que celebraban el interés que ahora demuestran las reformas que se estaban planteando. También, requirieron precisiones respecto al cumplimiento de los tiempos de la obra, el mantenimiento de los murales y la posibilidad de que se permitiera la entrada de los vecinos que asisten al Centro de jubilados ubicado dentro de la plaza.
Por otro lado, un grupo de vecinas pidió la remoción de los murales, pero se les explicó que eso no estaba contemplado en el  plan de obra. 
También se trató la problemática de los perros en el área de juegos de los niños. La mayoría planteó la necesidad de un canil, pero se explicó que por un tema de espacio físico, no era posible construirlo. Finalmente, las autoridades tomaron en cuenta los pedidos de los vecinos y se comprometieron a tener presentes los reclamos.